martes 8 de diciembre de 2009 {1 comentarios}
martes 1 de diciembre de 2009 {0 comentarios}
Y qué era al final. Un día más tras otro día más. Uno, otro. Visto con perspectiva era un cementerio de recuerdos creciendo en la tripa de tu cerebro, y cada vez estaba más harto de consciencia, más preñado de cadáveres. No me duele ya que las cosas pasen, que no haya misericordia para ningún amor, ninguna vida. Lo que me jode es que después de ese dolor no hay ya más que el gran crack que es el fin, y un universo de miedo con la noche echada,
tirada sobre todo,
mirándome a mí desde todas partes,
desde mí mismo,
alrededor de todo.
Hay quien entonces espera una luz, el milagro, y hay quien no, para quien ni la esperanza ha sido respetada y no le queda ni ese punto minúsculo radiando un poco desde el fondo de su alma callada,
mamada por la noche,
así oscurecida.
Yo soy a veces de unos y otras soy de los otros; pero siempre está el misterio de la nada acechando y el olor de su saliva. Es paradójico que la visión final sea una ceguera absoluta, que el verlo todo sea un gran grito a la nada, donde no puede sonar, así de trágico es, que se ha tragado las palabras. Y no hay consuelo, no se puede ni tan sólo tiritar. Al final el camino daba a una fisura extraña, mucho más negra y honda de lo que la imaginación abarca, sigue abarcando, y por eso tan desconocida. Inefable la caída, que ni es caída ni es nada.
jueves 26 de noviembre de 2009 {0 comentarios}
Cuanto te he querido y cuanto te querré.
y cuanto te estoy queriendo ahora en las palabras,
escribiendo en sus vientres;
fíjate en ellas,
están llenas por dentro, las he llenado yo
de amor por ti, a todas sus líneas, que sólo son eso,
están las letras, cada una, cargadísimas,
tan panza arriba que huelen
como a mermelada de estrellas
y, claro, ninguna cabe en si misma,
estarán ya para siempre a punto
de vomitarse, de repetirse o de ser soles,
de hacer magia y toser
una nube de hojas pequeñitas
con el tamaño de gotas de lluvia.
Polvo que quiere al polvo,
una mano muda,
un pincel de almas juntas,
un silencio como un coro de serafines;
es este poema,
que no dice nada,
nada más,
como debe.
sábado 14 de noviembre de 2009 {1 comentarios}
Quiero besarte hasta la saciedad,
hasta que se agoten los alientos;
morderte el labio y beber
el magma de tus venas,
la vid de sangre con la que se enjuaga tu alma
y que en ella crece.
jueves 12 de noviembre de 2009 {2 comentarios}
Escapar,
escapar no es de cobardes
cuando las paredes se hacen de plomo
y se angostan,
se aprietan para joder entre ellas.
Escapar,
escapar, hoy, no es escapar,
es poner rumbo o levantar cabeza,
no, no es huir,
es besar al mar, como al cielo,
y amar.
Hoy otra vez muero,
las sienes se me enrollan al cerebro
y los ojos se me cuartean,
lomos de río o páramo todo secado,
y el arrullo de las olas calla, callan,
y el aire es lodo de aire
a la orilla negra de la playa;
y mis huesos tiemblan por la médula,
mis costillas tiemblan, mis radios,
y sólo ellos se dan cuenta,
fuera, nada,
yo, nada,
son ellos ahora quienes hablan:
Ponedle precio a la vida, por favor,
ponle precio a mi vida,
por piedad.
Escapar,
escapar, hoy, es reconciliarse con mi alma.
lunes 2 de noviembre de 2009 {1 comentarios}
Está Oh Darling, Octopus!, y luego I want you. Está ahí, en medio de dos canciones buenísimas, puesta a posta para cortar el rollo. ¿Será como la publicidad, para que la escuches también? Yo (y otra persona que se ha querido mantener en el anonimato por cuestiones personales) creo que la colocación debió decidirse más o menos de esta manera un día que Ringo estaba triste, y que se había pasado entero cabizbajo y pensativo.
“Tío, Ringo, qué te pasa?”
“Es que ponéis mis canciones siempre al final del disco. Creo que no me valoráis lo suficiente”
“Tío, Ringo, no llores”
“Lloro si me da la gana John”
“Mira, haremos una cosa, te las ponemos más arriba de la lista si quieres”
“No”
“¿No?”
“No”
“¿Pues qué quieres?”
“Las quiero arriba del todo, entre vuestras canciones que son la ostia”
“Um… Qué LINDA la idea, Ringo. Pero deja ese cuchillo de cortarse las venas en el cajón de Paul otra vez”
domingo 1 de noviembre de 2009 {1 comentarios}
De todas las personas podemos aprender algo, eso me dijo una vez mi padre. La verdad es que es una chorrada, por supuesto que podemos aprender algo de cualquiera pero no pensó él en el precio que podía costar hacerlo. Hay muchas personas a las que no estoy dispuesto a sonsacar ningún secreto respecto a la vida. Pero cuando me lo dijo yo aún era un tipo un poco radical y no me conformaba solamente en haber pensado esto, lo convertía en un motivo que justificaba sobradamente mi desprecio hacia las personas a las que me viniese en gana despreciar; al fin y al cabo lo hacía porque tenían que ser perniciosas para mí. Bueno, la verdad, que es una cosa que se te aparece con el tiempo, es que no las despreciaba por lo nocivas que pudiesen ser para mi alma; las despreciaba, digamos, porque sí, y eso era sólo la excusa que me otorgaba el poder moral para hacerlo. En aquél entonces yo ya sabía que el desprecio podía ser un gran aliado en los momentos bajos de la existencia, una solución a los síntomas de cuando se te está dinamitando la autoestima o cuando dejas de soportarte. ¿Por qué deberías caerte mal si los otros son mucho peores? Yo también tenía prejuicios, como tú, ya ves. Pero fui creciendo, con más o menos suerte, que es cosa que dejo que juzguéis a vuestra discreción, y descubrí lo que significaba lo de crecer: ir luchando en el baile de choques de universos que es la vida hasta entender que todos, hasta los peores, están tan desamparados como tú, y que por lo que los desprecias es solamente la forma con que lo afrontan; eso y otras cosas es. Y mientras tanto, ir esperando el milagro que ha de venir.
